17 de febrer de 2014

Convivencia en el espacio público

Desde hace mucho tiempo, y cada vez más, una de las preocupaciones y quejas que nos ha transmitido una gran parte de la población son las defecaciones de los perros que no se recogen en las calles, en las plazas y los parques de la ciudad y, sobre todo, el tema de las micciones que hacen en espacios concretos. Una situación provocada por una minoría que actúa de forma incívica y que nada tiene que ver con la actitud de la mayoría de propietarios de animales domésticos, que actúan de forma corresponsable y cívica, contribuyendo a mantener limpio el espacio público recogiendo los excrementos de sus perros.
Precisamente por ello, se ha ido intensificando la intervención en el espacio público mediante la concienciación ciudadana tanto con los propietarios de las mascotas, en el sentido de reconducir las conductas incívicas que se producen(campañas informativas, aprobación de nuevas ordenanzas y campañas punitivas), como también con la población que expresa su malestar por padecer o sufrir las consecuencias de dichas actitudes (daños por caídas, resbalones, malos olores, riesgo de infecciones de los más pequeños…), en el sentido de buscar fórmulas para mejorar la limpieza de los lugares más problemáticos. Y ambas actuaciones se han llevado a cabo con la voluntad de proteger los derechos de unos y de otros, de los defensores y los detractores.

Ahora bien, hay espacios concretos, como son las zonas ajardinadas, los parques infantiles y zonas de arenero de las plazas, donde las micciones y defecaciones de los animales provocan su deterioro, con el agravante que pueden provocar problemas de salud a las personas en caso de contacto, en su mayoría niños y niñas que acostumbran a jugar en estas zonas. Estos espacios están desprotegidos y chocan los derechos de unos con los de los otros. Si el civismo imperase en el 100 x 100 de la población en estos lugares concretos el problema no existiría, pero por desgracia no es así.
Para intentar paliar este problema, después de un riguroso estudio en el que se analizaron determinadas medidas adoptadas por otros municipios, se tomó la decisión de delimitar determinadas zonas con la finalidad de proteger la población que sufre las consecuencias de las secuelas de defecaciones y micciones, intentando buscar una fórmula que garantice los derechos de unos y de otros.

La nueva normativa aprobada no prohíbe el paseo o estancia de los perros por las plazas o parques de nuestra ciudad (como se ha interpretado). No es así ni mucho menos. En la plaza Cataluña, a título de ejemplo, los perros podrán pasear con sus dueños y podrán realizar sus micciones o defecaciones (que se deberán recoger), tal y como se venía haciendo. Ya que entendemos que es inevitable que el perro haga sus necesidades. Por lo tanto, las únicas zonas en que no deberán transitar serán dentro de las zonas ajardinadas ni en la zona de juegos infantiles y su área de influencia.
Así pues, con la nueva normativa, los dueños de perros que habitualmente ya actúan de forma cívica, con sólo respetar estos nuevos espacios donde se limita su paso, no deben preocuparse. Tendrán espacios para seguir estando, paseando y disfrutando de sus animales de compañía por las plazas, los parques y al lado de las zonas ajardinadas. Las mascotas no son responsables de lo que se pretende combatir, pero sí los propietarios que con su comportamiento corresponsable nos pueden ayudar a mantener la ciudad.

La aplicación de la nueva Ordenanza no tiene ningún interés recaudatorio, al igual que las sanciones que se ponen a los que todavía incumplen las más elementales normas de convivencia y respeto al resto de la ciudadanía. Tan sólo persigue garantizar la salubridad y mejorar la convivencia cívica en nuestros parques y plazas.
La normativa comenzará a aplicarse después de semana santa y mientras tanto, en este período, se hará una campaña explicativa en la que se informará de su contenido de forma clara y precisa a todos los propietarios de perros, con el objetivo de evitar cualquier malentendido. Transcurridos los primeros seis meses de vigencia se revisará para analizar sus efectos e incidencias con la finalidad de rectificar o adecuarla.
Nuestra apuesta por la convivencia no se queda sólo en esta medida, sino que se está elaborando un proyecto para generar un nuevo espacio para los perros, que en breve puede que sea una realidad. Por cierto, hay un dato que es desconocido para muchos: el ingreso anual por la tasa de tenencia de animales es de 20.000 euros aproximadamente, cuando el coste que comporta el mantenimiento de los espacios reservados para ellos y los generales que se deben imputar al mal “uso” del espacio público se sitúa en torno a los 600.000 euros.

Desde que se ha dado divulgación de la medida he recibido mensajes de todo tipo, que se elimine la medida, que se amplíe,… una de estas reflexiones me decía lo siguiente:
“Si la mayoría de los propietarios de los perros los educan en sus espacios privados a transitar por determinados espacios de la vivienda y a no hacer sus necesidades en determinados lugares; ¿por qué en el espacio público, que es de todos, no se pueden respetar unas normas parecidas?. ¿Alguien se puede oponer a que estos animales de compañía no hagan sus micciones o defecaciones dentro de las zonas de juegos infantiles, cerca de ellas o en las zonas verdes de la ciudad, por razones de salubridad y mantenimiento?”.

A mi entender, la ciudad debe articular una forma de actuar que sea respetuosa y ponderada con todas las personas que usamos y convivimos en el espacio público, y todos tenemos que hacer un esfuerzo para entendernos y colaborar para conservar nuestro entorno. Será el tiempo el que juzgue con objetividad esta medida, que estoy convencido que mejorará la convivencia.